No salí del baño hasta que accedió a irse; no quería mostrarme nuevamente desnuda ante él. Tampoco lo esperé, tenía miedo de sus ojos negros que saben calarme tanto y tan hondo. Me fui dejando su ropa sobre la cama, cubriendo la mancha de nuestro sudor mezclado, ese potente aroma que aún me retiene; vuelvo a él mientras voy con papá y mamá a juntarnos con la familia y celebrar que otra mujer aceptó su proposición. Me siento estúpida, urgida de hablar con él, decirle al menos hola y ver el reflejo en sus ojos. Desde que supe de la boda no ha pasado un solo día sin que tuviera sueños o pesadillas, cada noche despierto empapada en sudor intentando aclarar mi mente. Sin embargo, entre todas esas noches surge una historia tan hermosa que mi mente ya la convirtió en recuerdo.
Somos chicos y jugamos a atraparnos, encerrados en un cuarto oscuro, lejos de los grandes que conversan ignorantes de nuestro mundo. Tu resaltas entre nosotros, tu amplio nuevo cuerpo y tu voz cambiada revelan que ya estás dejando nuestro mundo. Te castigamos por ello: serás el primero que atrape, y probarás tus capacidades dándonos cacería. Todos nosotros, niños, reímos de nuestra insolencia, mientras aceptas con una sonrisa que te venden los ojos. La tela cubre completamente tu vista cuando las luces se apagan y todos corremos en mil direcciones. Entonces el juego comienza.
Caminas con tus manos extendidas, bordeando los muebles y telas; agazapado, sin dejar escapar ningún detalle, avanzas. En los rincones del cuarto, tres niños juegan a evadirte mientras yo, quieta, sigo con la mirada tu avance. Te veo detenerte, y conteniendo la respiración deseo que tu siguiente paso sea hacia mí. Uno, dos, tres pasos, tus manos ya casi me tocan. Los demás ven apenas dos sombras cercanas y sus corazones se aceleran tanto como el mío. A oscuras no hay ningún reparo, dejamos de ser primos, puedes apretar mi estómago y tantear mi cuerpo, incluso frotar mis pechos que aún no son tan grandes. Sonrío y huyo de la sensación nueva que descubro, creo por un instante haberme liberado cuando me tomas fuerte el brazo. Lucho, te empujo, no cedes, me jalas y abarcas todo mi cuerpo con tus brazos. Eres mayor que yo, pero aún no descubres cuánto disfruto este momento, tu respiración y la mía agitadas, vibrando tan cerca cuando se prenden las luces y descubres tus ojos con el brillo más hermoso que haya existido. Todos nos rodean y te alejas, recibes sus saludos por haberme atrapado, mientras yo, la tonta perdedora, seré la nueva cazadora. Todos te rodean, como a mí, y sin embargo nos miramos, un instante, lo suficiente para ver un cambio en tu expresión. Las luces se apagan y siento profundo tu olor en la venda que ahora llevo. No ando a ciegas, tu respiración me llevará a tu pecho, y seré entonces quien te abrazará. Hemos jugado juntos muchas veces, siempre esperas en la esquina más dificil para correr y confundirme, pero esta vez te sigo y antes que corras ya te he rodeado con mis brazos, caes, y yo encima tuyo. En medio de la turbación todos nos miran excitados mientras tu sólo me ves a mi, sientes mi aliento y el roce de mis labios contra los tuyos, y todo tu cuerpo cambia. Nuestros labios se apretan y se abren para que nuestras lenguas se junten mientras tu mano ya aprieta firme mi pecho. La luz no vuelve más, los demás desaparecen. Estamos solos, sin vendas ni ropa, pero nos seguimos cazando.
Me siento ligeramente estremecida al recordar tan claramente el olor impregnado en la venda, igual al de la cama donde nos tocamos por última vez. Te habré extraviado mucho tiempo, tal vez fueron meses, años sin vernos. Crecí y mi cuerpo cambió, mi mundo se hizo más amplio que la casa donde jugábamos y tu recuerdo se tornó borroso, opacado por el sudor y caricias de otros de quienes aprendí. Pero cuando nos encontramos no nos detuvimos hasta terminar desnudos, renaciendo. Te rechacé, tuve miedo, pero aún mi boca guarda tu sabor y mis poros tus caricias. Estamos a un instante de encontramos, la iglesia está frente a mí, como tú en mi sueño, y la venda que me cubría los ojos ha caído. Esta vez que te caze no te dejaré escapar.
Continuará...



