Hola a todos en Lima, Puerto Madero, New York, D.F., Madrid, Surco, Barcelona, Caracas, Monterrey, Rosario, Santander, Providencia, Santiago de Chile, Jaen, Santiago de Compostela, Medellín, Bogotá, Sevilla, Pamplona, Valencia, Córdoba, Mérida, Buenos Aires, Murcia, Oviedo, Guadalajara, Nunoa, Vitacura, Zaragoza, Quito, Granada, Hermosillo, Paris, Alicante, Londres, Guayaquil, Arequipa y todas las otras ciudades desde donde me visitan. Muchas gracias por sus comentarios y saludos, son ustedes los que me animan a realizar cada post... gracias bellezas
Esta semana se me han ocurrido varias cosas para sorprenderlos (jejeje, que tramará esta cabecita), ya lo verán en un par de semanas. Todas estas ideas me vinieron mientras trabajaba el post que debía poner hoy y que por toooodas esas cosas llamadas vida no he podido terminar. Pero como ustedes son unas bellezas y se merecen lo mejor, no voy a mostrarles algo que no me haga sentir satisfecha, así que compartiré con ustedes unos videitos que me parecen deliciosos...
Uno
Con uñas y sonrisas ámame / mátame despacio, mírame /
¿no ves que estoy muriéndome? / acaríciame / tan suave
como el aire amor / tan fuerte como el huracán / que ciega
mi mente / contagiame de esa locura que hay en tu vientre...
¿sugerente, no?
Dos
Adivino unos labios bajando mi vientre / despacio /
recreándose en mi ombligo / posándose dulcemente
sobre mis braguitas...
Espero que compartan conmigo la calentura que sentí cuando
vi La petite mort por primera vez. Cierren los ojos y escuchen...
Tres
Una de las mejores escenas eróticas que he visto en
mi vida. No valen los prejuicios para con el anime,
pon el video y descubre cómo cualquier prejuicio es
sobrepasado por la belleza de esta maravillosa escena.
O más sencillo... deja de pensar y disfruta.
Besos!!!
miércoles, junio 24
domingo, junio 21
Ese papito que todas queremos
domingo, junio 21
Hoy como buena hija tomé desayuno con mi papi. Estaba contento. A pesar que se hace el indiferente, le encanta que le celebremos algo. En fin, volviendo al blog, ya desde el otro día estaba pensando qué escribir para este día, pero no me venía ninguna idea (ninguna decente que no comprometa mi salud mental), así que después de darle diez mil vueltas se me ocurrió finalmente este conjunto de versos (no sé si llamarlo poema), celebración al papito lindo que todas amamos...
Con ustedes...

Lo miro cuando se estira
es un peque un chiquito
todo entero bien gordito
curvado para algún lado
enterrado en ruloso yuyo*
(negro teñido o morocho)
¿cómo no apachurrarlo?
a ese guapo delicioso
que mira pa todos lados
tan coqueto y curioso
con ese su solo ojo
cíclope blanquiñosito
negro, flaco o rellenito
no importa adonde vayas
siempre seré tu ama.
Me asusto cuando lo veo
caliente y alborotado
pensando que un virus malo
lo pueda haber contagiao
cuando eso pasa, corro
desesperada, a brindarle abrigo
toda llena de suspiros
lo refugio entre mis manos
todo entero que hierve
caliente como tetera
¡cómo será de bribón!
le estoy frotando y escapa
pero antes que diga nada
ya me baja por la espalda
Que lucha para botarlo
del hueco donde se ha metio
(seguro tenía frío
el bendito condenado)
creo que voy ganando
y lo saco fuera de mí,
es sólo un instante breve
luego me perfora a mil**
Calvito condenado de nada
me pasas tu enfermedad
¿qué es? ¿catarro? ¿asma?
¿acaso una fiebre de gritos?
¿inflamación, fiebre o gota?
de sólo pensarlo me excito
Ya toda desesperada
logré curarlo al final
apretándolo cual pericote
y antes que el chico me explote
salió todito apurado
a botar el bendito virus
¿qué habrá comido o tragado?
que rojo y atolondrado
vomitó un solo chorro
leche agria bien cortada
ni tuve que decirle nada
pero que pena me dió
se encogio todo chiquito
como un choricito viejo
mejor idea no tuve
al verlo roncando inocente
agarré un pañuelo al vuelo
y le sequé el moco al peque.
Duerme mi peque duerme
tómate un largo respiro
que si ese mal virus vuelve
yo te lo saco de un tiro.
* yuyo [argentinismo]: pastito
** a mil [peruanismo]: rápido/apurado
Feliz día para todos los papis!!!
Besotes inmensos para todos!!
Con ustedes...

Lo miro cuando se estira
es un peque un chiquito
todo entero bien gordito
curvado para algún lado
enterrado en ruloso yuyo*
(negro teñido o morocho)
¿cómo no apachurrarlo?
a ese guapo delicioso
que mira pa todos lados
tan coqueto y curioso
con ese su solo ojo
cíclope blanquiñosito
negro, flaco o rellenito
no importa adonde vayas
siempre seré tu ama.
Me asusto cuando lo veo
caliente y alborotado
pensando que un virus malo
lo pueda haber contagiao
cuando eso pasa, corro
desesperada, a brindarle abrigo
toda llena de suspiros
lo refugio entre mis manos
todo entero que hierve
caliente como tetera
¡cómo será de bribón!
le estoy frotando y escapa
pero antes que diga nada
ya me baja por la espalda
Que lucha para botarlo
del hueco donde se ha metio
(seguro tenía frío
el bendito condenado)
creo que voy ganando
y lo saco fuera de mí,
es sólo un instante breve
luego me perfora a mil**
Calvito condenado de nada
me pasas tu enfermedad
¿qué es? ¿catarro? ¿asma?
¿acaso una fiebre de gritos?
¿inflamación, fiebre o gota?
de sólo pensarlo me excito
Ya toda desesperada
logré curarlo al final
apretándolo cual pericote
y antes que el chico me explote
salió todito apurado
a botar el bendito virus
¿qué habrá comido o tragado?
que rojo y atolondrado
vomitó un solo chorro
leche agria bien cortada
ni tuve que decirle nada
pero que pena me dió
se encogio todo chiquito
como un choricito viejo
mejor idea no tuve
al verlo roncando inocente
agarré un pañuelo al vuelo
y le sequé el moco al peque.
Duerme mi peque duerme
tómate un largo respiro
que si ese mal virus vuelve
yo te lo saco de un tiro.
* yuyo [argentinismo]: pastito
** a mil [peruanismo]: rápido/apurado
Feliz día para todos los papis!!!
Besotes inmensos para todos!!
jueves, junio 18
Una mujer nueva
jueves, junio 18
El café está frío. Sostengo la taza mientras te espero, sintiendo la noche cálida que no motiva al sueño. Doy el último sorbo cuando escucho que entras. ¿Amor?. Te acercas con una sonrisa. “No esperaba encontrarte despierta”, dices, descubriendo que compré el café en tu lugar favorito. Tomas el vaso del café frío y lo calientas. Conversamos como no lo hacíamos hace tanto tiempo, cuánto extrañaba tu sonrisa, esa manera tuya de desviar los ojos cuando piensas, tu mirada fija en mí. Te escucho pensando que no debí aceptar nunca ese trabajo, ahora son tan pocas las veces que te veo, nunca encontramos un espacio, siempre estamos agitados, llenos de cosas, alejados.
Me sorprendo cuando reparo en el reloj, una hora ha parecido tan poco. Te estiras y bostezas. “¿Vamos a dormir?”. Te alejas tan rápido que ya estás fuera de la habitación cuando me escuchas: espera. La luz de la cocina apenas te deja ver, en penumbras pareces un ser misterioso y oscuro. Me pongo de pie y camino hacia ti desatando el cinturón de la bata, entreves mi piel encrispada, aún firme y deseante, y encuentro en tu mirada ese brillo del sueño espantado por la lascivia. Me regocijo. Eres de nuevo el chico que pasa la noche ruborizándome y aprieta su lengua contra la mía por primera vez. Como entonces nuestros ojos no se separan cuando llego a centímetros de ti, tan cerca que el calor de tu cuerpo me abraza y tu respiración se cuela entre mis poros. Cuando tocas mi mejilla siento el retumbar de cada latido y todo mi cuerpo despierta. “¿Y esta sorpresa?”. Tu mano baja por mi cuello, apartas la bata y contemplas mi seno, vulva y pierna desnuda. Nos miramos, como queriendo adivinar nuestros pensamientos, mientras la penumbra nos cubre. Llevo tu mano a mi pecho y la aprieto. ¿Te gusta?, te digo, moviéndome lo suficiente para despojarme de la bata. ¿Te gusta?. Después de tantas noches, te estremece ver mi cuerpo entregado, tanto que tu boca se tuerce en sonrisa al descubrir mi sexo húmedo y mis pezones erectos. La impresión despega tus labios y no me contengo, me lanzo sobre ellos y hundo mi lengua. Presiono y aprieto, repto y giro, bajando por tu garganta y tu pecho hasta tocar tu corazón, buscando esos recuerdos que formaron nuestra vida juntos, los que esconde el mapa de mi cuerpo, y que desnudo ante ti, rendido ante ti, pide que los encuentres también.
Beso tus tetillas sintiendo tus manos sobre mis hombros, arrastrándose por mi espalda hasta asir mis nalgas, apretándolas con violencia mientras hundes tus labios en mi cuello y tu dedo índice roza la raja de mi culo. ¿Hace cuánto no escucho tu jadeo? La pregunta flota en mi cabeza cuando me elevas y me empujas contra el sofá, clavando tu lengua en mi vulva. El hormigueo crece en mi espalda, luchando por acariciarte. Intentando no irme a cada lamida tuya guío tu cadera hacia mí, arrastro tu pene y saboreó su sal, apretándolo entre mis labios jugando con la punta de mi lengua. Siento nuestros cuerpos cálidos, que van cediendo, descubriéndose nuevamente como dos desconocidos. Mi mente se aclara, abandono cada mañana vacía y gris, tantas noches a solas y haber optado por ese trabajo. Me giro hasta quedar sobre ti y me pongo de pie. Te veo desnudo, sudas y jadeas pero tu mirada arde. Hago de mis manos tus ojos y me acaricio cada centímetro. Bajo desde mi cuello, redondeo mis senos, una mano baja por mi cintura y vientre. Repaso mis nalgas y mis piernas antes de llegar a la vulva que repaso hasta conseguir tu mirada atenta. Sólo entonces levanto mi mano y la pongo entre ambos, un punto donde se encuentran nuestras miradas. Juego con los dedos de la mano extendida mientras la otra me acaricia. Quieres ponerte de pie y retrocedo. Entiendes. Bailo y me acaricio de nuevo, extiendo una vez más la mano y permanezco detenida un instante, mirando fija tus ojos. Encuentro en ellos más que lascivia, la sorpresa de tener frente a ti a una mujer desconocida, nueva, que recoge todos sus dedos e introduce el largo índice dentro suyo, tanto que retrocede el tiempo, hasta una cama vacía por la mañana; donde harta de extrañar a su esposo, la mujer decide darle una sorpresa. Compra el café que le gusta y va a buscarlo para comer juntos. Llega tarde, tanto que lo encuentra caminando con una mujer con bucles y sonrisa como ella, tan parecida que incluso se contonea frente a él, como ella lo hacía antes. Vuelve a casa y llora por horas, hasta que decide el cambio: ser una mujer desconocida para su marido. Una mujer nueva y ardiente, que conoce sin embargo cada resquicio de él, que podría seducirlo una noche, bailar y tocarse para él, arrodillarse y apretarlo entre sus piernas, mantenerlo absorto mientras se frota desde su pene hasta tu boca, dejando que respire su olor y descubra que ya lo conoce. Una desconocida que lo haga sentirse amado cuando la penetra, que abriga y acaricia cada centímetro suyo de su pene en sus entrañas. Que mueve sus caderas, más y más rápido hasta conseguir que explote, dejarlo cansado, rendido y fascinado. Perplejo hasta que su mente se nubla y deja de recordar, imaginando desde ese momento sólo su vida con ella.
Me sorprendo cuando reparo en el reloj, una hora ha parecido tan poco. Te estiras y bostezas. “¿Vamos a dormir?”. Te alejas tan rápido que ya estás fuera de la habitación cuando me escuchas: espera. La luz de la cocina apenas te deja ver, en penumbras pareces un ser misterioso y oscuro. Me pongo de pie y camino hacia ti desatando el cinturón de la bata, entreves mi piel encrispada, aún firme y deseante, y encuentro en tu mirada ese brillo del sueño espantado por la lascivia. Me regocijo. Eres de nuevo el chico que pasa la noche ruborizándome y aprieta su lengua contra la mía por primera vez. Como entonces nuestros ojos no se separan cuando llego a centímetros de ti, tan cerca que el calor de tu cuerpo me abraza y tu respiración se cuela entre mis poros. Cuando tocas mi mejilla siento el retumbar de cada latido y todo mi cuerpo despierta. “¿Y esta sorpresa?”. Tu mano baja por mi cuello, apartas la bata y contemplas mi seno, vulva y pierna desnuda. Nos miramos, como queriendo adivinar nuestros pensamientos, mientras la penumbra nos cubre. Llevo tu mano a mi pecho y la aprieto. ¿Te gusta?, te digo, moviéndome lo suficiente para despojarme de la bata. ¿Te gusta?. Después de tantas noches, te estremece ver mi cuerpo entregado, tanto que tu boca se tuerce en sonrisa al descubrir mi sexo húmedo y mis pezones erectos. La impresión despega tus labios y no me contengo, me lanzo sobre ellos y hundo mi lengua. Presiono y aprieto, repto y giro, bajando por tu garganta y tu pecho hasta tocar tu corazón, buscando esos recuerdos que formaron nuestra vida juntos, los que esconde el mapa de mi cuerpo, y que desnudo ante ti, rendido ante ti, pide que los encuentres también.
Beso tus tetillas sintiendo tus manos sobre mis hombros, arrastrándose por mi espalda hasta asir mis nalgas, apretándolas con violencia mientras hundes tus labios en mi cuello y tu dedo índice roza la raja de mi culo. ¿Hace cuánto no escucho tu jadeo? La pregunta flota en mi cabeza cuando me elevas y me empujas contra el sofá, clavando tu lengua en mi vulva. El hormigueo crece en mi espalda, luchando por acariciarte. Intentando no irme a cada lamida tuya guío tu cadera hacia mí, arrastro tu pene y saboreó su sal, apretándolo entre mis labios jugando con la punta de mi lengua. Siento nuestros cuerpos cálidos, que van cediendo, descubriéndose nuevamente como dos desconocidos. Mi mente se aclara, abandono cada mañana vacía y gris, tantas noches a solas y haber optado por ese trabajo. Me giro hasta quedar sobre ti y me pongo de pie. Te veo desnudo, sudas y jadeas pero tu mirada arde. Hago de mis manos tus ojos y me acaricio cada centímetro. Bajo desde mi cuello, redondeo mis senos, una mano baja por mi cintura y vientre. Repaso mis nalgas y mis piernas antes de llegar a la vulva que repaso hasta conseguir tu mirada atenta. Sólo entonces levanto mi mano y la pongo entre ambos, un punto donde se encuentran nuestras miradas. Juego con los dedos de la mano extendida mientras la otra me acaricia. Quieres ponerte de pie y retrocedo. Entiendes. Bailo y me acaricio de nuevo, extiendo una vez más la mano y permanezco detenida un instante, mirando fija tus ojos. Encuentro en ellos más que lascivia, la sorpresa de tener frente a ti a una mujer desconocida, nueva, que recoge todos sus dedos e introduce el largo índice dentro suyo, tanto que retrocede el tiempo, hasta una cama vacía por la mañana; donde harta de extrañar a su esposo, la mujer decide darle una sorpresa. Compra el café que le gusta y va a buscarlo para comer juntos. Llega tarde, tanto que lo encuentra caminando con una mujer con bucles y sonrisa como ella, tan parecida que incluso se contonea frente a él, como ella lo hacía antes. Vuelve a casa y llora por horas, hasta que decide el cambio: ser una mujer desconocida para su marido. Una mujer nueva y ardiente, que conoce sin embargo cada resquicio de él, que podría seducirlo una noche, bailar y tocarse para él, arrodillarse y apretarlo entre sus piernas, mantenerlo absorto mientras se frota desde su pene hasta tu boca, dejando que respire su olor y descubra que ya lo conoce. Una desconocida que lo haga sentirse amado cuando la penetra, que abriga y acaricia cada centímetro suyo de su pene en sus entrañas. Que mueve sus caderas, más y más rápido hasta conseguir que explote, dejarlo cansado, rendido y fascinado. Perplejo hasta que su mente se nubla y deja de recordar, imaginando desde ese momento sólo su vida con ella.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


